jueves, 4 de septiembre de 2008

Llorar y esperar


Hay días de días. A veces te levantas con el pie derecho, te bañas, te arreglas, tomas un delicioso desayuno (muy bogotano), te cepillas los dientes y sales de lo más bonita a la calle. No alcanzas a esperar dos minutos y ya viene el bus que te sirve y te subes emocionada. Resulta Que el único puesto disponible es al lado de un muchacho bien atractivo que podría robarte una sonrisa solo con su mirada. Te sientas al lado de ese pasajero tan interesante y atraviesas la ciudad en su compañía. Como fuiste muy madrugadora, legas a tiempo, el sol resplandece en el cielo azul sin nubes. Todo parece perfecto y piensas que ese va a ser un gran día. Pero resulta que no. Resulta que alguien amaneció de malas pulgas, se peleó con otra persona y decidió desquitarse contigo. Tú haces las cosas como todos los días y deambulas a tu propio ritmo. Entonces entra una llamada de ese alguien malhumorado. Te pide una información que a él le interesa. Se la envías sin advertir que en ésta habían un par de terribles errores. Entonces ingresa una nueva llamada y la persona al otro lado de la línea, más o menos trapea el piso contigo. Tú por el respeto y el cariño que le tienes, solo asientes y aceptas tu error, mientras el otro acaba con tu autoestima, tu reputación, con tu pasado y hasta con tu futuro.
Tú estas tranquila, porque sabes que haces las cosas con buena intensión, que tienes errores, como todo el mundo, pero dentro de todo eso, tienes todas las capacidades para superar al que te está rompiendo el oído a gritos. Tú callas y oras en silencio porque esa persona encuentre la paz. Y aunque no resulta de inmediato, aquel tipo por fin cuelga el teléfono y te deja con el eco de sus insultos en tu cabeza.
Estás segura que el tipo, debe estar maldiciéndote y pensando en la posibilidad de volver mierda tu mundo, porque según él eres una incompetente, una bruta, una mujer pusilánime, como dice mi amigo Akeronte. Ahora estás metida en el suplicio de una existencia vacía y quisieras pelear, tal y como lo hizo Pepa, pero tu carácter dulzón te impide devolverle con una cachetada todo el daño que ese idiota te hizo. Te quedas callada y esperas pacientemente a que las cosas se tranquilices. Crees que todo lo que se hace en la vida se devuelve y con esa certeza te vas a tu habitación, tapas tu cabeza con la almohada y te echas a llorar de la forma más escandalosa que puedas. Estas herida y te duele, pero eres incapaz de tomar la situación por los cuernos y enterrarle un kilo de explosivos en el culo al tipo este. Sigues llorando y esperas. Esperas y sigues llorando. Te das cuenta que eres demasiado sensible y que tal vez no estás preparada para vivir en un mundo que siempre está tratando de aplastarte con cada cosa que haces, porque todo está mal. Pero tu sabes que no todo está mal, tu sabes que haces las cosas con el corazón y que ya llegará el día en que los papeles se inviertan y quien llore sin parar sea ese imbécil que te hizo tanto daño.

8 comentarios:

DoctoraCapital dijo...

Uff Dominique... uno a veces es tan debil, pero tan debil. Llorar por pendejadas, es mas llorar de tristeza y de ira al tiempo, es lo peor. Pero tu tranquila, que es verdad TODO TODITO SE DEVUELVE, y que se jodan, o sera que ellos no cometen errores?
Un abrazo.

Akeronte dijo...

Es extraño pero los títulos son como de pasividad, y el escrito es como los dos frentes de un mismo elemento. Con nuestras acciones se pueden cambiar las cosas, no hay que entrar en pasividad. Hay que actuar. Accionar.

Quime Atópica Videosa dijo...

Yo estoy de acuerdo con la doctora, pero sabes, cuando alguién te hace daño de esa forma tarde o temprano se da cuenta de lo que hizo y se arrepiente aunque no lo diga.

Duele más cuando te hacen daño y no se dan cuenta, cuando tienes que pasar todo el día junto a una persona que sin saberlo te hace sufrir con su sola presencia, y lo peor, no puedes evitar estar siempre ahí, siempre oyendo, siempre observando, siempre en silencio y tragandote las lágrimas.

Al menos tu puedes llorar.

Me gusto mucho... a mi también me gusta esto de meterme en tu cabeza.

Dominique Dusán dijo...

Díganme si no es de lo más bonito estar en la inmunda, con los ojos rojos de la lloradera, y encontrar en tu blog, en ese pedacito de virtualidad, un poconon de palabras superbonitas, que te hayan la razón y se solidarizan con tu causa. Van mis mensajes:
1. A la Doc, mil gracias por tus palabras, y sí, tienes razón, todo se devuleve y cuando viene de regreso va por partida doble, así que listo, no problem! Oye, me encanta la estética de tu Blog.
2. A Akeronte, como siempre el buen amigo, siempre son su sabiduría. Tienes razón, ando en la pasiva, pero esperen que me entre de nuevo la energía y voy con todo, esto se pone bueno. Te dejé preguntas en tu e-mail.
3. A Quime, hey, este si me sorprendió, me enorgulleció y hasta me arrancó una sonrisa. Desde la primera guasquiada he estado firme y espero seguir así por mucho tiempo. El cuento del bus me encantó, en serio, el del baño también. Tienes actitud y personalidad y eso está rebien envidiable, jejeje!
4. A todos, no dejen de escribirme, sus palabras son mi compañía. Yo estaré pendientes de sus blogs, como buena amiga muy juiciosa! Besos.

John Yara dijo...

Mmmmmm, lo importante en estos casos, es expresar y sentir las cosas en su momento, para luego seguir adelante y no recordarlas, mira que con el tiempo ya ni te acuerdas y te podrás reír de lo que ya sucedió.

Dominique Dusán dijo...

Gracias John. Si a la pena hay que darle espera. El tiempo lo cura todo. Gracias por comentar.

Anónimo dijo...

Ehmmm, yo creo que lo mejor es eso. Ser noble. Sí, habrá momentos donde uno pare y estalle. Porque tampoco es cuestión de ahogarte con esos problemas. Pero eso lo haces al otro día. ;) jeje.

Dominique Dusán dijo...

Gracias por tu buen mensaje. Como esta entrada tenía mucho que ver con la tuya, confienso, que estaba esperando angustiosamente tu comunicación. Y bien, como siempre tienes razón, la nobleza se impone sobre la rudeza. Besos Amiga!